top of page

«No venimos a vivir cómodos, venimos a servir: la vocación de una vida entregada» Entrevista a Pablo Hertfelder García-Conde

  • hace 5 días
  • 7 Min. de lectura
Detrás del liderazgo firme y la presencia pública de Pablo Hertfelder García-Conde hay una historia de entrega, convicción y una llamada interior que ha marcado cada paso de su vida. Presidente del Instituto de Política Social (IPSE) y de la International Pro-Life Network (IPN), su voz se ha convertido en referencia en la defensa de la vida, la familia y el bien común. Pero, ¿quién es el hombre detrás del liderazgo? En esta entrevista íntima, Pablo abre su corazón para hablar de su vocación, su fe, sus heridas y el sentido profundo de su misión.

P. Pablo, hay una frase que parece definirte: “Sirve quien se entrega”. ¿Cuándo nace realmente esa convicción en tu vida?


R. No nace de un momento puntual, sino de un proceso interior muy profundo. Desde muy joven entendí que la vida no estaba hecha para ser vivida cómodamente, sino entregada. Lo vi en casa, en el ejemplo de mi padre, en esa forma de vivir para los demás sin esperar nada a cambio. Y con el tiempo, esa semilla se convirtió en una certeza: o te entregas o te pierdes. No hay término medio.


P. Empezaste con apenas 16 años en el activismo social. ¿Qué sentía aquel joven que decidió dar ese paso?


R. Sentía inquietud. Una inquietud que no me dejaba vivir tranquilo. Veía injusticias, veía una sociedad que se alejaba de la verdad, y dentro de mí había algo que me decía: “No puedes quedarte mirando”. No era valentía, era casi una obligación interior. Y cuando uno responde a eso, empieza un camino que ya no tiene vuelta atrás.


Una respuesta a una "llamada" que nace de lo más profundo del corazón.


P. Has hablado en varias ocasiones de una “llamada”. ¿Cómo se experimenta algo así?


R. Es difícil explicarlo con palabras humanas. Es algo que brota desde lo más profundo del alma. No es ruido, es silencio. No es imposición, es atracción. Es saber que hay un plan para ti desde la eternidad y que tu felicidad depende de ser fiel a ese plan. Y cuando lo descubres, ya no puedes ignorarlo.

P. Lideras estructuras de alcance nacional e internacional. ¿Cómo se sostiene ese peso sin romperse por dentro?


R. Solo hay una forma: sabiendo que no es tuyo. Cuando entiendes que esto no va de ti, que eres un instrumento, todo cambia. Sí, hay presión, hay momentos de soledad, de incomprensión, incluso de desgaste… pero cuando pones todo en manos de Dios, Él sostiene lo que tú no puedes sostener.

P. ¿Has tenido momentos de duda o de querer parar?


R. Sí, claro. Sería poco honesto decir lo contrario. Hay momentos en los que el cansancio pesa, en los que te preguntas si merece la pena. Pero en esos momentos siempre vuelve lo esencial: la llamada. Y cuando recuerdas por qué empezaste, sigues adelante. No por fuerza propia, sino por fidelidad a lo que Dios te pidió hace ya más de 12 años y que hoy sigue resonando con más fuerza en mi corazón.

P. La defensa de la vida, la familia y los valores no siempre es cómoda ni bien recibida. ¿Qué te mantiene firme?


R. La verdad. Cuando sabes que estás defendiendo algo justo, algo que no es ideológico sino profundamente humano, no puedes callar. Además, no se trata solo de ideas: se trata de personas concretas, de vidas que están en juego. Eso te obliga moralmente a no rendirte.


El secreto del Instituto de Política Social (IPSE): La Fe es lo que nos da fuerzas, poner al Señor en el centro de nuestra actividad.


P. ¿Qué papel juega la fe en tu vida diaria, más allá del discurso público?


R. Es el centro. Sin fe, todo esto se derrumba. La fe no es un añadido, es lo que sostiene cada decisión, cada paso, cada renuncia. Es en la intimidad, en la oración, donde realmente se libra la batalla. Lo demás es consecuencia.


P. ¿Quién es Pablo cuando no hay focos, discursos ni responsabilidades?


R. Soy una persona normal, un marido, un hijo y sobre todo soy hijo de Dios, con mis debilidades, mis luchas y mis silencios. Me gusta la calma, el recogimiento, los momentos de verdad. Porque es ahí donde uno se encuentra consigo mismo… y con Dios.


P. Has hablado de entrega, de sacrificio… ¿Qué precio tiene vivir así?


R. Tiene un precio alto. Implica renuncias, incomprensiones, persecuciones tanto en mi vida privada como laboral, difamaciones constantes y momentos de soledad. Pero también tiene una recompensa inmensa: vivir con sentido. Saber que tu vida no es banal, que está al servicio de algo más grande que tú.


P. Si tuvieras que definir tu misión en una sola frase, ¿cuál sería?


R. Servir con fidelidad hasta el final, sin reservarme nada.


La esperanza del corazón: "Estamos en una batalla cultural cuyo epicentro es la batalla de la Espiritualidad"


P. Y si hoy pudieras hablarle a ese joven de 16 años que empezó todo… ¿qué le dirías?


R. Que no tenga miedo. Que el camino no será fácil, pero sí verdadero. Y que cuando uno se entrega de verdad, Dios no se deja ganar en generosidad, somos herederos del Rey de Reyes, tenemos una misión muy especial: "llevar el reinado Social de Cristo al mundo, y debemos hacerlo apasionadamente".

P. Pablo, ¿podríamos decir que eres “mitad monje, mitad soldado”?. ¿Qué significa realmente esa expresión en tu vida?


R. Si, totalmente, porque ello significa vivir en tensión permanente entre la contemplación y la acción. Sin vida interior, el combate exterior se vuelve vacío; sin combate, la contemplación corre el riesgo de volverse estéril. Me siento profundamente identificado con esa espiritualidad que une oración, disciplina, sacrificio y misión. En el fondo, es una forma de entender la vida cristiana como entrega total: a Dios y al bien común.


P. Has sido señalado en múltiples ocasiones con etiquetas como “fundamentalista” o vinculado a distintas organizaciones. ¿Cómo vives esa exposición y esos ataques?


R. Con serenidad, pero también con conciencia de lo que significan. Hoy, defender verdades objetivas —la vida, la familia, la ley natural— tiene un coste. Se intenta desacreditar no tanto lo que dices, sino quién eres. Se te etiqueta, se te simplifica, se te caricaturiza. Pero eso no es nuevo: forma parte de una dinámica más profunda, casi estructural, de rechazo a la Verdad cuando esta interpela. En mi caso, se me ha vinculado a realidades con las que no tengo relación, se ha intentado generar sospecha… pero todo eso, en el fondo, reafirma que cuando uno toca ciertos intereses o cuestiona ciertos paradigmas, la reacción es inevitable.


P. ¿Crees que hoy existe una persecución, aunque sea de carácter cultural o mediático, hacia quienes defienden posiciones firmes desde la fe?


R. Sin duda. No siempre es una persecución visible o violenta, pero sí real. Es una persecución más sutil: aislamiento, desprestigio, censura indirecta, ridiculización. Es el intento de expulsar del espacio público a quienes sostienen una visión cristiana del hombre y de la sociedad. Pero también hay que entenderlo desde una perspectiva más profunda: el cristianismo, cuando es vivido con coherencia, siempre incomoda. Porque confronta, porque pone límites, porque recuerda que no todo es relativo.


Inspiración Ignaciana, el nuevo "fundamentalismo" con el que atacan los progre-laicistas.


P. Se habla mucho del “fundamentalismo”. ¿Cómo respondes a quienes utilizan ese término para descalificar tu labor?


R. Hoy el término “fundamentalismo” se utiliza de forma interesada para desacreditar cualquier posición firme. Defender principios no es ser fundamentalista, es tener convicciones. El verdadero problema no es el fundamentalismo, sino el relativismo radical que niega la existencia de la verdad. Yo no defiendo imposiciones, defiendo principios que están inscritos en la naturaleza humana. Y eso no es ideología, es antropología.


P. Espiritualmente, ¿en qué tradición te reconoces? ¿Quiénes han marcado tu camino interior?


R. Si tuviera que definirme, diría que soy profundamente ignaciano. San Ignacio de Loyola me ha marcado mucho: esa espiritualidad del discernimiento, del combate interior, de la obediencia a la voluntad de Dios por encima de todo.Y también San Bernardo de Claraval, por esa síntesis entre mística y acción, entre contemplación y firmeza. En ellos encuentro una guía: no una fe cómoda, sino exigente, estructurada, orientada a la verdad y al servicio.


P. ¿Cómo se vive el liderazgo cuando está atravesado por la fe?


R. Como una responsabilidad, no como un privilegio. El liderazgo cristiano no consiste en imponerse, sino en servir. Pero servir de verdad, incluso cuando eso implica desgaste, incomprensión o sacrificio. Además, implica una coherencia radical: no puedes defender en público lo que no vives en privado. Esa es la mayor exigencia.


P. ¿Cuál ha sido el momento más difícil que has vivido en este camino?


R. Los momentos en los que la soledad se hace más presente. Cuando sientes que lo que haces no es comprendido, cuando llegan los ataques personales, cuando todo parece ponerse en contra y cuando los ataques vienen de gente de nuestra propia "trinchera", eso es lo más duro. Pero son también los momentos más fecundos, porque te obligan a volver a lo esencial: a Dios, a la llamada, al sentido último de todo esto.


P. ¿Qué papel juega la oración en medio de esa batalla?


R. Es absolutamente central. Sin oración, no hay resistencia posible. Es en la oración donde uno ordena el alma, donde se purifican las intenciones, donde se recibe la fuerza que no es propia. La verdadera batalla no está fuera, está dentro. Y se gana o se pierde en el silencio.


En un tiempo marcado por la confusión y el relativismo, la figura de Pablo Hertfelder emerge como la de un líder que no rehúye el conflicto, pero que sitúa su raíz en la vida interior. Mitad monje, mitad soldado, su testimonio plantea una cuestión incómoda pero esencial: si estamos dispuestos, o no, a vivir conforme a la verdad.


Contacto de prensa

Instituto de Política Social (IPSE)

Gabinete de Comunicación

Adriana Moreno

Correo electrónico: gabinete.prensa@ipsenacional.es


Comentarios


bottom of page