España cierra el año con las cifras más altas de abortos: «No es feminismo, es la eliminación de un hijo»
- Instituto de Política Social (IPSE)

- hace 2 días
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Después de una larga carrera dedicada a salvar vidas, la ministra de Sanidad ha decidido hacer todo lo posible para que los facultativos a favor de la vida que se nieguen a llevar a cabo esta práctica sean señalados
El Ministerio de Sanidad no tiene pudor en admitir que la cultura de la muerte sigue avanzando. Según las últimas cifras, en el año 2024 se produjo el mayor número de abortos de nuestro país, cuando 106.172 mujeres decidieron quitarle la vida al hijo que esperaban.
Esto ha supuesto un incremento de más de 3.000 casos respecto a 2023, con una tasa de 12,136 abortos por cada mil mujeres de entre 15 y 44 años.
Actualmente, hay millones de niños no nacidos que siguen perdiendo la vida cada año por decisión voluntaria. Así lo expresa Pablo Hertfelder García-Conde, presidente del Instituto de Política Social (IPSE), quien considera que esto es «una tragedia» que no debemos normalizar como sociedad.
Esto ocurre por las políticas de Sánchez y su Gobierno. El Ministerio de Sanidad, en lugar de impulsar medidas que sostengan la vida y acompañen a la mujer embarazada, insiste en normalizar el aborto como una prestación sanitaria y perseguir a las asociaciones. Así lo explica el presidente del IPSE, quien afirma que a los católicos y a quienes defienden la vida se les quita la voz e incluso el estatus. «Ahí es donde nos damos cuenta del negocio que hay detrás del aborto», denuncia a este medio.
La persecución de Mónica García a los médicos no ha cesado en 2025. Después de una larga carrera dedicada a salvar vidas, la ministra ha decidido hacer todo lo posible para que los facultativos a favor de la vida que se nieguen a llevar a cabo esta práctica sean señalados. Para Pablo Hertfelder esto es una aberración, puesto que la política tiene un código deontológico que le obliga a «proteger la vida y defender a la persona en riesgo vital». Sin embargo, prosigue, en lugar de hacerlo, «promueve la muerte y la disfraza de algo positivo».
Al hilo, el también periodista garantiza que el problema no es clínico, sino «ético, social y cultural». Por ello, considera que la sanidad debería priorizar profundamente «el apoyo real a la maternidad, no incentivar el aborto». Para que esto se cumpliese sería necesario un programa de acompañamiento psicosocial, una educación sexual integral orientada a la vida y no solo a la prevención del embarazo, y verdaderos incentivos para la adopción y la acogida familiar.
En España el Gobierno ha abandonado por completo a la las mujeres. Esta desprotección se traduce en la ausencia total de apoyos reales a las embarazadas en dificultad.
Según explica el presidente del IPSE, ya no se promueve la adopción ni se acompaña a la mujer, sino que se señala a quienes ofrecen ese acompañamiento y se les acusa de «acoso, presión o intimidación», cuando lo único que hacen es presentar alternativas. Alternativas que, sentencia, deberían ser asumidas por el propio Estado y que, sin embargo, han quedado en manos de las asociaciones provida. «No es feminismo, es la eliminación de un hijo», recuerda.
La esperanza está en los jóvenes
Pablo Hertfelder revela que los jóvenes tienen hoy «un papel clave en la defensa de la vida humana». Por ello, desde el IPSE subrayan la importancia de estar presentes en «los escenarios nacionales e internacionales para dar valor a cada vida». Mientras, esto ocurre, los políticos siguen permitiendo que en España sigan operando clínicas abortistas financiadas con dinero público.
Ante esta realidad, emerge una generación provida que decide actuar. Esta es, confiesa, la de los jóvenes que asumen «el compromiso de defender los derechos de la mujer y de la familia», comenzando por el derecho fundamental a vivir.
El periodista recuerda las palabras de San Juan Pablo II, quien confesó que el aborto y la eutanasia son «crímenes que ninguna ley humana puede legitimar», y la objeción de conciencia se convierte en un deber moral. Sin embargo, concluye no basta con la oposición ética, sino que es necesario «actuar, estar presentes y dar la cara incluso donde no quieren que se esté». Por último, recuerda que «la esperanza está en estos jóvenes», que con compromiso y valentía tienen la posibilidad de construir un futuro brillante para la defensa de la vida.



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