Pablo Hertfelder García-Conde: «Muchos católicos se sienten abandonados: el Valle de los Caídos se ha convertido en una herida abierta en el corazón de España»
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La situación del Valle de los Caídos continúa generando una profunda preocupación entre numerosos fieles católicos. Para algunos, la cuestión trasciende el ámbito político y patrimonial y se adentra en el terreno de la identidad religiosa, la memoria espiritual y la defensa del patrimonio cristiano. Pablo Hertfelder García-Conde, presidente del Instituto de Política Social (IPSE) y de la International Pro-Life Network (IPN), ha sido una de las voces más críticas con la actuación de parte de la jerarquía eclesial en este asunto.
En esta entrevista expone su visión sobre el papel de los obispos, la responsabilidad pastoral y las expectativas que muchos fieles depositan en el pontificado de León XIV.
P. Pablo, ¿por qué considera que el Valle de los Caídos se ha convertido en un asunto tan importante para muchos católicos?
R. Porque para muchos fieles no estamos hablando simplemente de un monumento o de una cuestión histórica. Estamos hablando de un lugar donde se alza la mayor cruz visible de la Cristiandad, de una basílica, de una comunidad monástica y de un espacio que durante décadas ha sido lugar de oración, reconciliación y encuentro con Dios.
Lo que duele a muchos católicos es la sensación de que el debate se ha reducido a una cuestión ideológica, ignorando completamente su dimensión religiosa. Cuando una cruz deja de ser contemplada como un símbolo de salvación y pasa a ser tratada únicamente como un problema político, algo muy profundo se rompe en la conciencia de los creyentes.
P. Has hablado en numerosas ocasiones del “abandono” del Valle. ¿Qué quieres decir exactamente?
R. Hablo de una percepción ampliamente extendida entre muchos fieles. Hay católicos que sienten que, ante determinadas presiones políticas y culturales, la respuesta eclesial ha sido insuficiente o excesivamente prudente y cobarde.
La Iglesia tiene una misión profética. Su función no consiste únicamente en gestionar conflictos, sino también en custodiar aquello que pertenece a la fe. Cuando los fieles observan silencio donde esperan claridad o cautela donde esperan firmeza, surge inevitablemente una sensación de desamparo.
P. Algunos consideran excesivas las críticas a la jerarquía eclesial. ¿Cuál es su posición?
R. Los católicos debemos mantener siempre respeto y comunión con nuestros pastores. Eso es irrenunciable. Pero la tradición de la Iglesia también reconoce que los fieles pueden expresar con respeto sus preocupaciones cuando consideran que determinadas decisiones o actuaciones generan inquietud.
No se trata de rebeldía. Se trata de amor a la Iglesia. Precisamente porque amamos a la Iglesia sufrimos cuando percibimos que algunos de sus símbolos más importantes no reciben la defensa que muchos esperan.
P. ¿Dónde sitúa el núcleo doctrinal de esta cuestión?
R. En la centralidad de la Cruz.
Para los cristianos la Cruz no es un elemento decorativo ni una simple referencia cultural. Es el símbolo de la Redención. San Pablo decía que predicamos a Cristo crucificado. Toda la fe cristiana gira alrededor de ese acontecimiento.
Por eso muchos creyentes contemplan con dolor cualquier intento de minimizar, reinterpretar o relegar la presencia pública de la Cruz. No estamos hablando únicamente de piedras o estructuras; hablamos del símbolo central de nuestra fe.
P. ¿Qué le diría a quienes sostienen que la Iglesia debe evitar confrontaciones públicas?
R. Que la prudencia es una virtud, pero no puede convertirse en una excusa para la inacción permanente.
La historia de la Iglesia está llena de hombres y mujeres que supieron combinar caridad y valentía. Desde los mártires hasta los grandes santos reformadores. La verdad debe anunciarse con amor, pero también con claridad.
Los fieles esperan de sus pastores cercanía, guía y fortaleza espiritual. Especialmente en tiempos de confusión.
P. ¿Cómo interpreta el malestar que existe entre muchos católicos respecto al Valle?
R. Como una herida espiritual.
Muchos sienten que no se está defendiendo con suficiente convicción algo que consideran parte de su patrimonio religioso. No hablo únicamente de personas vinculadas al Valle; hablo de católicos de distintos países que ven en este caso una cuestión mucho más amplia: la relación entre la fe cristiana y el espacio público.
Cuando los creyentes perciben que sus símbolos son cuestionados constantemente mientras se espera de ellos silencio, surge inevitablemente frustración.
P. En contextos donde existe presión política, social o incluso mediática, ¿cómo se mantiene la firmeza sin caer en el desánimo?
R. La firmeza parte de la convicción. Tengamos presente que debemos dar la batalla y Dios dará la victoria. También se requiere de fortaleza mental ante los crecientes ataques contra la vida y la familia, con la claridad de que esta batalla cultural va más allá del plano material.
P. ¿Qué espera del pontificado de León XIV en relación con este asunto?
R. Espero escucha. Muchos fieles desean sentirse escuchados. Desean que sus preocupaciones lleguen al Santo Padre y sean consideradas pastoralmente.
La misión del Papa es confirmar a sus hermanos en la fe, ser signo de unidad y pastor universal. Precisamente por ello creo que sería muy valioso que escuchara directamente a quienes viven esta situación con preocupación y sufrimiento.
P. Algunos fieles esperaban gestos más visibles respecto al Valle. ¿Entiende esa decepción?
R. Entiendo que haya personas decepcionadas, yo soy una de esas personas. Cuando existe un vínculo emocional y espiritual tan profundo con un lugar, cualquier ausencia o silencio puede interpretarse como distancia.
Por eso considero importante que se refuercen los puentes de diálogo. La Iglesia no debe limitarse a hablar sobre los fieles; debe hablar con los fieles.
P. ¿Cuál es su mensaje a la jerarquía eclesial española?
R. Que escuche el latido de los fieles.
Que no subestime el sufrimiento de quienes contemplan con preocupación lo que sucede. Que recuerde que la autoridad eclesial no es únicamente administrativa; es también pastoral.
Los católicos necesitan sentir que sus pastores están a su lado, especialmente cuando perciben amenazas hacia elementos que consideran esenciales para su identidad religiosa.
P. ¿Y cuál sería su mensaje final al Papa León XIV?
R. Que millones de católicos aman profundamente a la Iglesia y al Sucesor de Pedro.
Precisamente por ese amor, muchos desean ser escuchados. No buscan confrontación, buscan cercanía. No buscan división, buscan claridad.
Y le pediría que escuche el clamor de tantos fieles que contemplan el Valle de los Caídos no como una cuestión política, sino como un lugar profundamente unido a la Cruz de Cristo.
Porque cuando los fieles sufren, la Iglesia está llamada a escuchar. Y cuando la Cruz está en el centro de una controversia, los cristianos esperan que se recuerde con fuerza que la Cruz nunca es un problema: es la respuesta.
Para Pablo Hertfelder, el debate sobre el Valle de los Caídos refleja una cuestión más amplia: la relación entre la identidad cristiana, la memoria religiosa y la presencia pública de la fe. Más allá de posiciones políticas, sostiene que existe un profundo deseo de muchos creyentes de ser escuchados y acompañados por sus pastores en un momento que consideran especialmente sensible para la vida de la Iglesia en España.
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